domingo, 17 de agosto de 2014

Reciclar no, reutilizar.

Reciclar: tr. Someter un material usado a un proceso para que se pueda volver a utilizar.
Reutilizar: tr. Utilizar algo, bien con la función que desempeñaba anteriormente o con otros fines.
Según el DRAE 

En estos años, desde mediados del siglo XX hasta hoy, en los que la superproducción en todos los sectores ha sobrepasado nuestra capacidad de consumo, ha crecido la cultura del "usar y tirar". Todos los que rondamos los cuarenta años recordamos los envases retornables. La gaseosa, la cerveza, la Coca-Cola, la leche y tantos otros productos eran vendidos en envases retornables. Cuando nos terminábamos la botella de refresco y comprábamos otra en la tienda de la esquina, llevábamos el envase vacío (el "casco"). El tendero se quedaba con él, nos vendía una botella nueva y la fábrica reutilizaba las botellas para, después de lavarlas, volver a llenarlas y devolverlas a los estantes de las tiendas.

Hoy, las cosas han cambiado. El Sistema nos ha reeducado. Nos ha inculcado la cultura del reciclado. Reciclar es mejor que reutilizar. De esa manera, las fábricas de bebidas no necesitan recoger los envases vacíos. Sencillamente comprarán los envases que necesiten nuevos a estrenar. Mientras el consumidor, diligentemente, depositará su envase en el contenedor adecuado.

Sin embargo, en las zonas rurales, la cultura de la reutilización está tan arraigada que aún en la segunda década del siglo XXI, muchas personas aún no han entendido bien qué es eso de reciclar. "Para qué voy a tirar los tarros de cristal, si dentro de unos meses los puedo necesitar para hacer conservas. O el aceite usado de freír puede servirme para hacer jabón".

Este artículo no quiere ser un alegato en contra del reciclaje. Al contrario. Reciclar es fundamental, sobre todo cuando se trata de materiales  contaminantes o no biodegradables. Este artículo quiere ser un compendio abierto para la reutilización.
  • Frascos, tarros y botellas de cristal: Su reutilización es obvia. En ellos se pueden guardar toda clase de líquidos o sólidos fluidos.
  • Aceite usado: Sirve para hacer jabón casero.
  • Papel encerado: El papel encerado que utilizan los charcuteros para envolver los alimentos, sirve para encender fuego. Seguramente contamine menos que las pastillas de encendido que contienen queroseno.
  • Latas viejas: Pueden servir como macetas.
  • Vasitos de yogur: Son unos estupendos semilleros.
  • Ropa vieja: Camisetas viejas pueden ser reutilizadas para tejer trapillo. Los jerseys viejos de lana se pueden volver a tejer como mantas.
  • Cubos metálicos: Pueden sernos útiles para fabricar un anafre. Ver Anafres. ¿Qué son y como se hacen?
Además, en internet, pueden encontrarse multitud de manualidades hechas con materiales reutilizados. O reciclados.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Conservas de tomate

La huerta nos provee de alimentos durante casi todo el año. Algunos vegetales y frutas nos los va dando poco a poco. Pero con el tomate no pasa eso. Cuando un tomate está maduro, por lo general, lo están también todos sus compañeros. Así que nos encontramos con un montón de kilos de tomate en un periodo bastante pequeño de tiempo. Además, una vez cogidos de la mata, el tomate se estropea muy rápido.

Tomate natural de huerta.
Por lo tanto, ha sido tradición desde antiguo hacer conservas de tomate. Las conservas de tomate, como tantas otras, se guardarán en tarros de cristal con tapa de rosca. Es éste un buen momento, además, para reutilizar los frascos de cristal y no reciclarlos en el contenedor amarillo... pero eso será objeto de otro artículo.

El procedimiento para elaborar conservas de tomate es el siguiente:
  1. Lavar, pelar y triturar los tomates bien maduros.
  2. Hacer un sofrito de cebolla.
  3. Freír el tomate en ese sofrito.
  4. Llenar hasta el borde botes de cristal, a ser posible de la misma altura, con el tomate frito.
  5. Poner una pequeña capa de aceite de oliva. Esto servirá para aislar la conserva del aire.
  6. Tapar bien los botes y ponerlos a hervir al baño María durante, aproximadamente, media hora. De esta forma sacaremos todo el aire y conseguiremos hacer el vacío cuando se enfríe.
Botes de tomate ya fríos.
Al freír el tomate se puede salpimentar opcionalmente.
El almacenaje, como es el caso de todas las conservas, debe hacerse en lugar seco y oscuro. El secreto de la conserva es que no entre aire y quede al vacío hasta su utilización. En el caso de que una tapa no esté en condiciones adecuadas, puede que la conserva se eche a perder, lo que se notará al olfato nada más abrir el tarro. Sin embargo, si se siguen los pasos con cuidado, la gran mayoría de los botes realizarán su función y podremos disfrutar de tomate natural de nuestro huerto durante todo el año.